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Para hacer una película no solo es preciso contar con una buena idea y una historia sino que además es obligatorio que estos elementos se ajusten a un presupuesto que permita su realización. Consciente de mis escasas posibilidades de que alguien financiara mi primera película decidí limitar lo máximo posible las localizaciones y los tipos de iluminación por lo que opté por tratar de escribir algo que se desarrollase íntegramente en una jornada de tal modo que el presupuesto fuese lo más limitado posible. 

Hacía tiempo que venía dándole vueltas a la posiblidad de escribir un largo que tuviera lugar durante un botellón, me parecía que, además de ser un ambiente que conocía a la perfección en sus más diversas variantes, se trataba de un contexto en el que ocurren cosas, en el que, con frecuencia, la gente muestra su verdadera cara, la que no pueden enseñar durante su vida cotidiana. Aunque dicen que es un aspecto novedoso dentro de la cultura del ocio a mí particularmente me recuerda a las fiestas que organizaban los aqueos y los troyanos al término de las batallas; fiestas en la retaguardia en las que se asaban bueyes, se ofrecían hecatombes a los dioses, se bebía dulce vino en cráteras y se cantaba al dios Febo. Ayer como hoy sigue siendo el solaz del guerrero, un lugar en el que el héroe disfruta de su libertad mientras escucha al aedo narrar victorias pasadas, y eso era exactamente lo que quería contar. Una historia sobre la libertad. ¿Qué mejor lugar para contar esa historia que una dionisia? Porque, efectivamente, el teatro, como tal, surge en la Grecia Antigua durante las celebraciones ofrecidas en honor a Dionisio, el dios del vino. 

Para ellos el teatro no era lo mismo que para nosotros, no les importaba la representación literal de lo que estaba ocurriendo sino su referencia. No era preciso que los diferentes personajes aparecieran en la escena sino que se limitaban a narrar historias de muy diversa índole extraídas de las obras homéricas y de las leyendas populares. Básicamente era gente bebiendo y cantando mientras escuchaba a un actor narrar las hazañas de los héroes y los dioses. A través únicamente de su voz y del coro era capaz de cautivar a un auditorio entero con el poder de la la palabra. Es decir, el hecho de que se desarrolle en un único lugar no impide que pueda hablarse de cualquier tema. 

Una vez tuve claro esto solo tenía que encontrar una serie de historias que, contadas, fueran interesantes y se ajustaran a una narración sólida y gradual. Tenía que encontrar una serie de historias que fueran significativas de la época y el mundo en el que vivo, una serie de personajes o, más bien, de biografías y anécdotas, que ejemplificasen el sentir de un tiempo que creo que se caracteriza fundamentalmente por estar ubicado en una brecha de la historia que amenaza con engullir todos aquellos ideales por los que lucharon nuestros padres y abuelos.