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Pero realmente, ¿realmente hay cabida en algún sitio para este tipo de cine? Los directores noveles son conscientes de que se enfrentan a una industria de patrones aún clásicos sin modernizar lo suficiente, en la que encontrar un resquicio para entrar es buscar la aguja de oro en ese pajar en el que tantos han naufragado. ¿Qué hacer cuando, después de tanto sacrificio, tienes por fin tu película en la mano?

En cuanto a la fase de distribución, el problema es que acabas la película y te preguntas qué hacer con ella. ¿Dónde la mandas si tienes que pagar a una distribuidora para moverla? Y además es una gran inversión de dinero. Yo, particularmente, estoy llevando este proceso por mi cuenta y mandandola a festivales, aunque requiere mucho tiempo y dedicación. Dicen que los festivales miran sólo las películas de ciertas personas, cosa que yo no sé, porque nunca he estado en un jurado de un festival ni conozco a nadie que lo haya sido; lo que sí sé es que a un nivel novel sin medios económicos, las cuotas de inscripción de los festivales no dejan de ser una barrera más para poder llegar a un público más extenso, sin entrar en si son necesarias o no”.

Rafael es optimista en cuanto al futuro de “Más allá de la noche”, a pesar de que ya conoce el modelo audiovisual de España, un modelo de producción estancado que no termina de remontar y se ha visto seriamente perjudicado por la subida impositiva más alta de la Unión Europea, hasta llegar al 21%.

Dentro de lo que es la industria audiovisual, aunque sea muy complicado que la película se dé a conocer, soy optimista y creo que finalmente se conseguirá. No sé cuándo, pero lo hará. Lo que sí creo es que uno de los problemas de la española, es que no termina de funcionar: se supone que una buena industria cada año produce más películas, y la realidad es que cada vez produce menos. Si se empezase a buscar nuevas ideas, nuevas formas de inversión, se podría salir adelante, creando un nuevo modelo, pero todo esto tiene que empezar por las productoras y las distribuidoras. Estoy seguro que con diez mil euros, puede hacerse un cine de calidad”.

Después de encenderse de nuevo el cigarrillo apagado hace tiempo por su predisposición a hablar de cómo ve el panorama cinematográfico de España, nos comenta que todos los obstáculos no le han quitado la idea de seguir haciendo “cine”, al contrario, cree que lo más importante es seguir luchando y moviéndose.

Cada día tengo un proyecto nuevo y millones de ideas por hacer, pero a día de hoy, estoy trabajando en un cortometraje cómico con mi pareja actual, un cambio de registro completo con respecto a Más allá de la Noche, pero que creo que a la gente le puede gustar mucho.

Mientras, estamos en contacto con salas alternativas para entrar en el circuito “indie”, que creo que por el momento es la solución para este tipo de proyectos
”.

 
 
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“Más allá de la noche” ha supuesto para este joven madrileño cumplir un sueño que empezó a gestarse desde que tuvo uso de razón: ser director de cine. Bien sabe lo que es sacar adelante un proyecto por sí mismo, sin el respaldo de una productora, con las subvenciones ya desaparecidas y la Ley de Mecenazgo aún sin aprobar, y luchar contra molinos de viento, sin ningún tipo de certeza sobre cuál serán los resultados y con tan solo cuatro mil euros en el bolsillo, sus únicos ahorros.

Cuando tienes un proyecto y sabes que no vas a contar con el apoyo de las instituciones, ni de un régimen especial a nivel fiscal que favorezca la cultura, sabes que te vas a encontrar con la incomprensión de la mayoría de la gente, pues es un tiempo que tienes que dedicarte al 100% a la película, como he hecho los dos últimos años de mi vida.

El punto débil de Más allá de la noche es, sobre todo, los medios técnicos: hicimos la película con 4000 euros, y una película media española ronda el millón y medio de euros; y eran 4000 euros para todos los costes. Las personas que no conocen el mundo audiovisual pueden pensar que una película se hace fácil, pero necesitas actores, un equipo técnico humano y material, localizaciones...  Tuvimos que limitar todo al máximo.

Al final he hecho una película con muy poco dinero y mucha ilusión, con un resultado mejor o peor... pero en general me conforta que las opiniones que me han llegado han sido positivas: les entretiene, les gusta e incluso a veces se identifican con los personajes, que para mí es fundamental
”.

Sin embargo, aún en la soledad del que emprende (sobre todo a día de hoy en este país, pudiendo decir que se extiende a cualquier ámbito), en el sector audiovisual hay muchas personas que abogan por sacar adelante proyectos independientes, ya sean cortos o largos, como forma de generar cultura. Y Rafael está muy agradecido de haber podido contar con un equipo que, aunque reducido, ha sido un gran apoyo para él en esta travesía larga, difícil y también algo dolorosa, a nivel profesional y personal, como él mismo reconoce con cara de seriedad, mientras lía un cigarrillo con destreza.

Conocí a todo el equipo, salvo a Andrea y Alejandro, por Internet en un mes, que era lo que tenía para empezar el rodaje. Sólo tenía una localización y unas fechas de rodaje, así que comencé los cásting para el equipo técnico y artístico. Creo que la gente implicada en el proyecto pudo captar una gran ilusión tanto por mi parte como por parte de mi equipo: Juan, mi director de fotografía, que es un visionario que vino desde Galicia con su Canon para rodar una película sin conocerme de nada; Javier y Álvaro, del equipo de sonido; Alejandro, mi ayudante de dirección y script; Oscar, buen amigo que hizo la banda sonora; y Andrea, mi pareja en ese momento, que se ocupó del catering, la dirección artística.

Éramos un equipo reducido de rodaje pero con personas maravillosas, y fue fácil crear un ambiente familiar con el objetivo común de sacar adelante el proyecto
”.

El mundo del cortometraje, que sigue luchando por salir adelante, es una fuente inagotable de directores y realizadores con gran talento, y es de donde proviene Rafael. Pero no todos ellos toman la trascendente decisión de dar un paso más y enfrentarse al formato largo, puesto que los obstáculos son muchos y, como ya hemos comentado, las expectativas muy poco halagüeñas.  

Hacer una película planteada en tres semanas de rodaje, supuso para mí un avance cinematográfico grandísimo, pues lo máximo que había rodado era tres días seguidos. Ni siquiera te imaginas antes de empezar todo lo que te puede enseñar: con la experiencia, cosas que antes te resultaban difíciles, te resultan fáciles; y cosas que te resultaban fáciles, te empiezan a parecer más complicadas e interesantes.

El trabajo es lo que al final, en esta profesión, te lleva a ser bueno. Yo no aspiro a que mi primera película sea una obra maestra, desde luego, pero poco a poco y trabajando mucho, que sí sea un gran avance
”.

 
 
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A menudo se escuchaba en la calle hablar mal del cine español, tenía mala fama. Se le acusaba de nutrirse de subvenciones y de no aportar más que sectarismo al debate público. Se le acusaba de servir fielmente al poder establecido, incluso se motejaba a sus cabezas visibles con expresiones tales como “titiriteros”.

No negaré que, en ciertos casos, se le inculpaba con parte de razón. Frente a grandes maestros de la talla de Bardem o Berlanga, la industria cinematográfica española se movía fundamentalmente por los intereses ideológicos y sin más criterio que el amiguismo y la sinecura. Para el régimen fascista no podía tener más objeto que la evasión de un público amordazado y silenciado. Para los diferentes partidos políticos, ora había que hacer cine comercial, ora había que hacer cine de autor; ora había que darle al primo del subsecretario, mañana al sobrino del concejal.

Tanto para el nacional-catolicismo como para el régimen que surgió tras la transición, el cine siempre fue una industria relacionada con las estrategias del Estado, no con el Estado en sí; un Estado transparente, verdaderamente democrático, participativo y dimensionado correctamente; sino con las diferentes tácticas partidistas y las corruptelas varias que salpican nuestra historia reciente.

El público, esa gente que no solo hablaba mal del cine español sino que ni siquiera acudía a las salas, suponía que el hecho de aceptar dinero de todos para realizar películas condicionaba la naturaleza de las películas que se hacían. Todo el mundo creía que para obtener una subvención era más importante ser allegado al ministro de turno que demostrar auténtico talento.

Por suerte, la situación está cambiando. El público ya no desconfía del cine español ni deja de acudir a las salas, ya no hay cine español que ver. Los recortes que afectan directamente a la industria cultural han provocado que la producción de películas durante este año se haya reducido drásticamente, la subida del IVA hace impagable una entrada que puedes descargarte por internet, así que ya nadie puede quejarse de que tal o cual película ofende su ánimo liberal.

El gobierno de Rajoy ha cerrado “el grifo de las subvenciones”, como buena parte del público le pedía, ha desterrado a los “titiriteros” de la ciudad. Y lo ha hecho para siempre.

Cierto es que una política de subvenciones mal gestionada, tan mal gestionada como la situación financiera, la administración territorial o la educación, es una lacra para la industria cinematográfica, pero no es menos cierto que no se puede desincentivar la producción radicalmente y clausurar un modelo de “negocio” que se ha mantenido vigente durante los últimos 60 años sin proponer ninguna alternativa. O sí. ¿Qué fue de la ley de mecenazgo?