Picture
Otro de los aspectos a tener en cuenta a la hora de hacer una película son las localizaciones, es decir, el lugar en el que vas a rodar. La ventaja de la literatura con respecto al cine en este sentido es enorme. Un escritor puede plantear en su imaginación cualquier clase de escenario, desde el espacio intergaláctico hasta la más honda llanura abisal, sin tener que desembolsar ni un céntimo mientras que, en el caso de una producción cinematográfica, cuanto mayor sea el número y la complejidad de las localizaciones, mayor es el presupuesto.

Por este motivo, de antemano, había decidido escribir algo que requiriera únicamente de una localización lo más sencilla posible, cualquier piso (a ser posible un ático con grandes ventanales y no un interior…), o quizá un chalet con piscina y terraza (hubiera sido genial…), me valía. De ese modo, al no necesitar de una gran inversión -pensaba erróneamente- las productoras quizá se interesasen más por el proyecto o, como así fue, podría al menos auto-producirlo.

Ahora bien, una vez me vi en la situación de que ninguna productora se puso en contacto conmigo, exceptuando a Ovideo, que fue la única de las principales productoras españolas que al menos tuvo la cortesía de enviarme un e-mail informándome de que habían rechazado el proyecto, ¿de dónde iba a sacar para alquilar un piso o un chalet durante mínimo un mes con apenas 4.000 euros de presupuesto total?

Bien mirado, era imposible, y no podía echar a mis padres de casa y aunque alguna amistad generosamente me ofreció su vivienda, sabíamos que la cosa no funcionaría. Necesitaba un piso, a ser posible en el centro de una gran ciudad para que los actores y el equipo no tuvieran problemas en sus desplazamientos hasta el set que acarreasen mayores gastos o imprevistos, y que además fuera gratis. Es decir, bien mirado, tenía que dejar atrás el proyecto…

Porque era imposible, sí, a no ser que... podría recurrir a ese piso de la calle Carranza de Madrid, al lado de la Glorieta de Bilbao, en pleno barrio de Malasaña, donde transcurrió gran parte de mi “trabajo de campo” para esta película. Solo había un problema, estaba alquilada por una pareja y nada hacía presagiar que tuvieran la intención de romper su contrato, el cual había sido renovado recientemente por dos años más… Daba igual, definitivamente era imposible o, en cualquier caso, su posibilidad o imposibilidad no dependía de mí sino de circunstancias completamente ajenas tanto a mí como al cine.

Así es que, de pronto, la película se convirtió simplemente en un acto de fe. Solo una casualidad que hiciera que los señores que vivían en aquel piso se marcharan me permitiría cumplir mi sueño. ¡Tanto trabajo, tanto cálculo, tanto guión y tanto dossier para terminar rezando!

 


Comments




Leave a Reply