Una película imposible

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Hace un año por estas fechas no tenía ni siquiera una localización, el rodaje estaba previsto en verano. Era mi primera película, mi primer largo, había dirigido un par de cortos sin demasiado éxito. Tenía  un guión y un plan, pero no tenía dónde. Me había pateado todas las productoras del país y no había encontrado respuesta en ninguna. Probablemente, la crisis ha eliminado de las productoras y las editoriales la figura del lector de manuscritos. Si no tenías un contacto estabas muerto antes de empezar.

Buscaba algo mejor que hacer con mi vida, el cine era demasiado complicado, alquilar un piso se nos iba de presupuesto, solo un milagro podría lograr que pudiese gritar acción a comienzos del  mes de Agosto. Ni siquiera tenía un equipo de personas que pudieran surtirnos de los materiales y la pericia necesaria para instalar los focos, diseñar el decorado, buscar el sitio para el sonido…

Siempre había sido un sueño inconsciente. Desde que tenía 12 años había soñado con llegar a serlo, sin embargo, a medida que empiezas a planteártelo surgen las dudas. ¿Una película? Lo que ves en el cine no es cómo se hace una película, sino la película terminada, no eres consciente de la cantidad de elementos que intervienen en su desarrollo. Desde el maquillador hasta el foquista son importantes en el proceso, y por supuesto, son necesarios actores. Personas de carne y hueso que van a interpretar un papel escrito por ti, en la soledad de tu despacho. Van a llevar ese papel a la “gran pantalla” y tienen que entretener al público, no puede ser una mera muestra de una personalidad muy fuerte sino que debe ser algo que enganche con la gente. Tienes que pensar si tu película le va a gustar a tu madre, a tu hermana, a tu colega, a tu chica. Tienes que calcular hasta el más mínimo detalle. Tienes el dinero para hacer ésta, pero necesitas el dinero para hacer la siguiente. Y además porque resulta que el cine está hecho para verse, para ser escrutado por tu padre, por tu madre, por tus colegas, por tu chica, incluso hay gente a la que no conoces de nada a la que tiene que gustarle también. 

Eran tiempos oscuros, el mundo parecía estar hecho de un modo incorrecto, en los periódicos digitales no había más que noticias acerca de la corrupción de la clase gobernante y hasta casa llegaban los recortes. Mientras una sociedad se descomponía yo quería hacer una película, algo que en sí mismo no genera beneficios, un juguetito hecho para entretener y que además vale mucho dinero. El cine definitivamente es algo distinto de cualquier otra arte, las implica a todas las demás. Desde la pintura hasta la música pasando por el teatro. 

De  pronto un día mi madre me dijo que los inquilinos de un piso en Malsaña propiedad de mi familia  iban a desalojar el inmueble para mudarse  y que tenía vía libre para hacer allí lo que me pluguiese durante el verano. Recuerdo perfectamente aquel día, mi madre estaba bañándose en la piscina y había venido mi hermana Cris a hacernos una visita Por la noche, para celebrarlo, vi una película de Frank Capra divertidísima, “¡Vive cómo quieras!”, sobre una familia de genios a lo Tenembaum a la que el banco quiere desahuciar. Todo estaba a punto de empezar. 

 

 

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